Me pasa algo curioso, solo escribo cuando lo leo. Siempre ando deseosa de agarrar mi cuaderno y la lapicera y mandarme a escupir todo lo que me pasa, en poesía, en rima, en canción, en historia, lo que sea; es más, lo llevo en mi mochila siempre por si las moscas. Pero me pasa que nunca lo agarro, siempre la languidez me gana. Y mira que he estado sintiendo y sufriendo demasiado estos días como para escribir un cuaderno entero (Qué cosa che! ¿Por qué será que no inspiramos más cuando sentimos tristeza o dolor?). En fin, siempre esta ahí y yo siempre acá, con algo para escupir. Y no lo uso. Me olvido. Pero, cuando lo leo.. uff.
Alguna que otra vez se me da por ir a espiarlo, sin que él lo sepa. No se bien por qué y bueno, inmediatamente no puedo evitar tener que agarrar la lapicera o la computadora y tipear alguna que otra idea. No precisamente de el. No sé, es raro. Es que supongo que él mi inspira.
Lo leo y lo tengo cerca, ya no me pregunto en que andará porque me lo cuenta en sus líneas. Lo leo con su voz, lo siento como lo siente él. Y yo siento que lo hace para mi. Que escribe como sabiendo que yo lo leo, como si me estuviera contando como van los días en donde no estamos juntos y me perdí de muchas cosas de su vida. Y es que... MIERDA! ¿Por qué no me pude enamorar de él?
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